En clave de oportunidad. Así tenemos que protagonizar esta nueva era digital que está provocando y provocará tantos cambios. La revolución digital ya está en marcha en todos los sectores y, en realidad, el mayor reto de todo este proceso ha de estar en aprovechar la ocasión que nos ofrece. Como exponíamos en la anterior entrada a este blog, una de las claves que tenemos que percibir es que el mundo global atrae a la industria de nuevo a Europa y a Estados Unidos. La reversión de la deslocalización. El objetivo es el mismo: ser más competitivos. Sin embargo, las herramientas en la era de la transformación digital son distintas.

Las empresas deben rentabilizar las ventajas de la digitalización en todos los aspectos, desde la reestructuración de la cadena de valor hasta la adopción de la virtualización y el aprovechamiento de los datos de valor proporcionados por el Big Data e IoT. La customización es la causa perfecta para que el viejo continente recupere industrias que habían abandonado sus orígenes, con una tecnología que permite un producto conectado y una relación con el consumidor que busca maximizar su satisfacción desarrollando productos y servicios personalizados y humanizados. El cliente tendrá un papel más activo hasta poder contribuir en el diseño y fabricación de los bienes que adquiere. Por lo que la industria debe proyectar todos sus esfuerzos en aumentar la velocidad de producción, la construcción de lotes más pequeños, el nivel de personalización del producto y, con ello, mejorar la experiencia del cliente.

Esto solo es posible con talento de alto nivel, produciendo lo más cerca posible de ese cliente para el que tenemos que personalizar un producto. Es un consumidor exigente e informado, con opiniones recabadas en múltiples foros y debates y que, además, quiere que su compra ‘ya’ esté en su casa. Sin tiempo que perder. Por ello, para poder responder de forma ágil a esos nuevos hábitos de demanda hiper-customizada, las empresas se tienen que plantear mover parte de sus centros de producción para estar más cerca del comprador final. En este contexto, la industria no solo busca ser mucho más competitiva y eficiente, sino ser mucho más flexible y reducir su tiempo a mercado.

Las llamadas smart factories consiguen una mayor optimización de la producción, con un ahorro en los costes, ya que se reducen el stock y acortan los plazos de entrega. Asimismo, trabajar con robots sujetos a softwares disminuye los errores, con procesos de fabricación más depurados y precisos y con una producción más rápida y eficiente también. Además, estos procesos repetitivos y automatizados de la Industria 4.0, a través de AGVs -Vehículos de Guiado Automático- incrementan la exactitud y abrevian los tiempos muertos y las interrupciones, así que se mejora la calidad de los productos. La consecuencia es la posibilidad de competir al más alto nivel.

¿Qué consigue, al mismo tiempo, la transformación digital? Reducir el riesgo de las personas, ya que los robots y los robots móviles se encargan de las tareas más peligrosas, que pueden estar acarreadas por altas temperaturas, elementos muy pesados o situaciones de peligro.  La automatización de estos trabajos se traduce, en este sentido, en un incremento de la seguridad de los empleados.